Ayer mi Pepito Grillo particular me dio un toque de atención porque hacía casi un mes que no escribía nada en el blog. Y como tiene razón, me dispongo a enmendarlo.
Después de mucho pensar he decidido escribir sobre los juncos. Este verano los veía todos los días cuando íba a dar un paseo por la mañana y les hice varias fotos. Me recordaban mucho cuando en mi infancia (me estoy haciendo mayor) me mandaba mi madre a por churros.
En mi pueblo ahora son muy "modernos" y cuando vas a la churrería, a comprar las citadas delicias gastronómicas (da lo mismo 8 que 80), te las dan en una inmensa bolsa de papel (pobres árboles).
Recuerdo perfectamente la misma churrería hace años. Llegabas y tanto si pedías churros como porras Antonio, el churrero, cogía uno de los juncos que había cortado la tarde anterior y ensartaba tu pedido, luego le hacia un atadillo y te los daba.
Evidentemente no llegaban tan calentitos como ahora, pero se contaminaba mucho menos. Al cortar los juncos, estos se saneaban y esparcían su semilla por el camino. Ahora quedan pocos y no muy frondosos. Me da mucha pena. Si se siguiera haciendo como antes no sería necesario hacer papel y talar árboles para hacer esas bolsas, que luego tiramos a la basura y al llegar al vertedero vuelan y vuelan sin cesar, hasta acabar deshaciéndose.