
Este invierno estuvimos unos días en Cádiz. Entre otras muchas cosas, visitamos una laguna en la que había numerosos pájaros.David nos explicó que la laguna era una antigua salina, como entraba el mar, se secaba y se sacaba la sal de ella. La verdad es que si no es por las lenguas de tierra que hay en medio del agua, o te lo explican o no te lo puedes llegar a imaginar. Daba gusto andar por allí enmedio; los caminos son lisos y paso a paso te vas adentrando en el mar, te relajas, respiras hondo y aunque haya gente a tu alrededor, te parece estar en otro mundo.
Fue un paseo agradable, ¿lo que más me gustó? las huellas que dejaban los pájaros buscando comida en el fango y como tal, intenté reflejarlo con la cámara.
Y de pronto hoy abro el correo y me encuentro con unas fotos que Guille ha tenido la gentileza de enviar. Es la salina pura y dura, blanca, preciosa, solitaria, esperando que alguien recoja su fruto, cosa que ya no se hace.
La diferencia entre fotos: seis meses y medio metro de agua.