
Yo creo que no, que hay que irse de Madrid para poder ver el cielo.
¡Cómo he cambiado! Hace ya años (sí muchos, ya lo sé) cuando alguien me planteaba la idea de irme a vivir fuera de Madrid, contestaba que eso no era para mí, que yo era rata de alcantarilla y que Madrid era la mejor ciudad del mundo. Ahora sigo considerandome rata, pero de campo; Madrid sigue siendo una ciudad maravillosa, pero muy mal me las tengo que ver para vivir allí. A través de los años he aprendido que nunca se debe decir "De este agua no beberé" y por este motivo no sé donde acabaran mis huesos, pero afirmo rotundamente que pelearé todo lo que pueda para no volver a esa ciudad más que de visita.
Me explicaré mejor. Hace unos días y por motivos de trabajo, tuve que estar toda la jornada en la capital. Día radiante. Sol. Calor. Coches. Cogí el Metro desde mi pueblo, ya que en el centro no hay quién aparque, cosa lógica por otra parte y me encontré con algo que no esperaba, mucha gente por todas partes, mucho ruido, mucho humo, papeles y periódicos en el suelo, suciedad, prisas, empujones, malos modos.... En fin que no conseguí ver el cielo, sólo podía ir mirando al suelo. Empecé a pensar en Madrid como una ciudad inhóspita y desagradable, ciudad desconocida para mí, yo no he vivido en ese Madrid. No dudo que tenga cosas positivas, pero yo no las vi. ¡Menos mal que sólo voy cuando no queda más remedio!
Sin embargo desde lejos y sobre todo al atardecer, el perfil de la ciudad es esplendido. Cuando podemos y el tiempo lo permite, solemos ir a un cerro cercano a la capital y os aseguro que me puedo pasar horas y horas mirando cómo se oculta el sol en el horizonte, da igual en invierno que en verano, la puesta de sol detrás de esos altísimos y frios edificios es digna de ver.