Hace unos días Ana, mi profesora de Encuadernacion, me envió un mensaje con el siguiente texto:
"Yo también lo veo así. Si estas de acuerdo, pásalo.
"...A la salsa rosa hay que añadir ahora la salsa ETA, ese tomate. Precisamente por tratarse de un asunto muy grave y complicado hay que dejar el problema del terrorismo en manos de profesionales solventes y discretos. A ellos corresponde dialogar con ETA o no dialogar, detener a los terroristas, juzgarlos, apretar los dientes si se produce un atentado y continuar con el trabajo en silencio. Después de todo, vistas en perspectiva, ETA y Batasuna rompen el principio de Arquímedes: desplazan mucho más de lo que pesan, debido a que están día y noche en boca de políticos y de periodistas, que las han convertido en mercancía informativa, en un gancho electoral o en una forma de picar carne para albóndigas. Semejante tabarra llega a romper los nervios de cualquiera, pero ya somos muchos los que al oír el nombre de ETA apagamos la radio y a otra cosa." (Manuel Vicen)"
Al leerlo me reconocí en el texto, ¡lo que habría dado por escribir yo esas palabras! desde hace años y a excepción de hoy, cada vez que veo un periodico, veo la tele o simplemente escucho la radio, si veo noticias relacionadas con este tema simplemente paso.... Paso la hoja, paso de canal o paso de emisora. Por ese motivo me gustaría pasar de pasarlo, pero precisamente por lo mismo no puedo pasar de pasarlo.
Hola a todos
Quiero dar la bienvenida a todo aquel que tenga la paciencia de entrar en este mi-vuestro espacio, leer mis reflexiones y ver las cosas que llaman mi atención.
Quiero agradecer que formeis parte de él, con vuestros comentarios, aportaciones, críticas y piropos que me hagais llegar y pedir disculpas si en agún momento molesto a alguien.
Espero que lo paseis bien.
Quiero agradecer que formeis parte de él, con vuestros comentarios, aportaciones, críticas y piropos que me hagais llegar y pedir disculpas si en agún momento molesto a alguien.
Espero que lo paseis bien.
viernes, 22 de junio de 2007
viernes, 15 de junio de 2007
¿De Madrid al cielo?

Yo creo que no, que hay que irse de Madrid para poder ver el cielo.
¡Cómo he cambiado! Hace ya años (sí muchos, ya lo sé) cuando alguien me planteaba la idea de irme a vivir fuera de Madrid, contestaba que eso no era para mí, que yo era rata de alcantarilla y que Madrid era la mejor ciudad del mundo. Ahora sigo considerandome rata, pero de campo; Madrid sigue siendo una ciudad maravillosa, pero muy mal me las tengo que ver para vivir allí. A través de los años he aprendido que nunca se debe decir "De este agua no beberé" y por este motivo no sé donde acabaran mis huesos, pero afirmo rotundamente que pelearé todo lo que pueda para no volver a esa ciudad más que de visita.
Me explicaré mejor. Hace unos días y por motivos de trabajo, tuve que estar toda la jornada en la capital. Día radiante. Sol. Calor. Coches. Cogí el Metro desde mi pueblo, ya que en el centro no hay quién aparque, cosa lógica por otra parte y me encontré con algo que no esperaba, mucha gente por todas partes, mucho ruido, mucho humo, papeles y periódicos en el suelo, suciedad, prisas, empujones, malos modos.... En fin que no conseguí ver el cielo, sólo podía ir mirando al suelo. Empecé a pensar en Madrid como una ciudad inhóspita y desagradable, ciudad desconocida para mí, yo no he vivido en ese Madrid. No dudo que tenga cosas positivas, pero yo no las vi. ¡Menos mal que sólo voy cuando no queda más remedio!
Sin embargo desde lejos y sobre todo al atardecer, el perfil de la ciudad es esplendido. Cuando podemos y el tiempo lo permite, solemos ir a un cerro cercano a la capital y os aseguro que me puedo pasar horas y horas mirando cómo se oculta el sol en el horizonte, da igual en invierno que en verano, la puesta de sol detrás de esos altísimos y frios edificios es digna de ver.
miércoles, 13 de junio de 2007
Salina de San Fernando

Este invierno estuvimos unos días en Cádiz. Entre otras muchas cosas, visitamos una laguna en la que había numerosos pájaros.David nos explicó que la laguna era una antigua salina, como entraba el mar, se secaba y se sacaba la sal de ella. La verdad es que si no es por las lenguas de tierra que hay en medio del agua, o te lo explican o no te lo puedes llegar a imaginar. Daba gusto andar por allí enmedio; los caminos son lisos y paso a paso te vas adentrando en el mar, te relajas, respiras hondo y aunque haya gente a tu alrededor, te parece estar en otro mundo.
Fue un paseo agradable, ¿lo que más me gustó? las huellas que dejaban los pájaros buscando comida en el fango y como tal, intenté reflejarlo con la cámara.
Y de pronto hoy abro el correo y me encuentro con unas fotos que Guille ha tenido la gentileza de enviar. Es la salina pura y dura, blanca, preciosa, solitaria, esperando que alguien recoja su fruto, cosa que ya no se hace.
La diferencia entre fotos: seis meses y medio metro de agua.
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